viernes, 11 de noviembre de 2016

So long, Cohen

Cuando ominosos personajes encarnan sin demasiados remilgos las partes más oscuras de los poderes reales, cuando los malos ganan y no se ven cerca los refuerzos que, en el último minuto, los derrotarían, algunos de los más grandes de los buenos nos dejan.
Y aunque el tópico más repetido es que nos queda su legado, la verdad es que lo que seguro que nos queda es un hueco grande y frío, ya que a su ausencia hay que añadir la falta no ya de sustitutos, son insustituibles, sino de nuevas oleadas que vayan dando continuidad a lo que ellos han venido aportando.
No hace tanto que se fue Bowie. Hoy sabemos que Cohen nos ha dejado.
Es verdad que es muy fácil escucharle cantando Suzanne, un gran principio, o susurrando You want it darker, un tremendo final, pero será un magro consuelo puesto que la sensación de orfandad no admite placebos.

En estos momentos, ni siquiera sabemos cómo y cuándo se fue. Solo sabemos que no está y esto es más que suficiente para dejarnos desolados. Por mucho que se sepa, nunca nos pilla preparados. Y claro que duele. Lo malo duele y más vale que sea así.
Nos alegramos de que, por las razones que sea, haya estado actuando y componiendo hasta el final. Su poesía y su música seguirán acompañándonos como las de otros de sus compañeros.  pienso ahora en el gran Brel, que tan pronto nos dejo.
Cuando al ver hoy los periódicos veíamos la imagen melancólicamente sonriente de Leonard, una sonrisa entre el escepticismo y la profundidad, con su últimamente inevitable sombrero, no podíamos menos que indignarnos por otro rostro, en las antípodas de lo que Leonard representa y que, con gran desfachatez, se atrevía a asomarse sin recato.
Los que hemos crecido con gente como Cohen esperamos que donde esté, no lo vea y que se quede con el dolor y el respeto de los que le echaremos a faltar sin remedio.

1 comentario:

  1. Nada que añadir; solo suscribir y aplaudir todo lo dicho.

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